C/ Barrameda, 86

Combatiendo el “no puedo”

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Hace un tiempo leí este cuento de Jorge Bucay, “El elefante encadenado” extraído de su libro “Déjame que te cuente”, y me pareció realmente enriquecedor para mostrar a aquellas personas que se quedan enganchadas al “no puedo”.

“El elefante encadenado” (de Jorge Bucay)

“Cuando yo era pequeño me encantaban los circos y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. Me llamaba especialmente la atención elefante que, como más tarde supe, era también el animal preferido de otros niños. 

Durante la función, la enorme bestia hacía gala de un tamaño y una fuerza descomunales… Pero después de su actuación y hasta poco antes de volver al escenario, el elefante siempre permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo, con una cadena que aprisionaba una de sus patas. 

Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y, aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría liberarse fácilmente de la estaca y huir. ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye? 

Cuando tenía cinco o seis años, todavía confiaba en la sabiduría de los mayores. Pregunté entonces a un maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: “Si está amaestrado ¿por qué lo encadenan?”. No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente… 

Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca… y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otras personas que también se habían hecho la misma pregunta alguna vez. 

Hace algunos años descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: 

El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño. 

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño elefante, recién nacido, sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento, el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y, a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él.

Imaginé que se dormía agotado y que al día siguiente lo volvía a intentar, y al otro día, y al otro… Hasta que un día, terrible para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. 

Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque cree, pobre, que NO PUEDE. Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió entonces. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo. Jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza. 

…Vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad…condicionados por el recuerdo de «no puedo»…simplemente porque una vez, hace tiempo, cuando éramos pequeños, lo intentamos y no lo conseguimos. 

Hemos crecido llevando este mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y por eso jamás volvimos a intentar liberarnos de la estaca. 

Tu única manera de saber si puedes conseguirlo es intentándolo de nuevo, poniendo en ello todo tu corazón…¡Todo tu corazón!”. 

Jorge Bucay

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María de los Ángeles Calero Serrano

Psicóloga Sanitaria, Perito Forense y Formadora Profesional

REFERENCIA

Bucay, J. (2005). Déjame que te cuente.

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